jueves 7 de junio de 2007

El pantano de Sª Mª y la Peña

Tras un pequeño túnel nos asomamos a la orilla del pantano, en sus orillas nos reciben, en estricta formación, unos chopos sin inmutarse lo más mínimo aunque el agua del pantano les llegue a los tobillos. Entre sus ramas revolotean carboneros, herrerillos y mitos, haciendo coro con los verdecillos mientras trepan tronco abajo los agateadores y tronco arriba los trepadores.
Pº de la Peña
La variedad de árboles es extraordinaria: del chopo al arce, de este a la encina y al fresno y a los primeros robledales que aparecen en nuestro camino. La madreselva trepa feliz por los árboles, envolviéndolos y abrazándose a las clemátides y las nuezas y creando pequeños paraísos donde refugiarse los pajarillos y una multitud de insectos. Unos como los del valle, otros en nada parecidos y entre los más extraños el más grande de nuestros escarabajos: el ciervo volante. Escarabajo extravagante donde los haya.
Navegando por la orilla del pantano, atravesando un pequeño robledal y luego un encinar llegamos a la cola del pantano. Pasamos muy cerca de la orilla y si nos fijamos podremos ver sobre el agua a las gaviotas, somormujos, zampullines o sobre sus cabezas la figura del aguilucho lagunero, con su estilizada figura y sus blancos hombros.
Cuando cruzamos el viejo puente de hierro podemos ver las grandes extensiones de carrizo, las saucedas que jalonan las orillas y prestando atención los inconfundibles grupos de huellas de la nutria recorriendo la orilla, mientras nos acercamos a la pequeña estación de Yeste, desde donde conocer el pantano y la Foz de Escaletes. Sobre este pequeño pueblo la sierra de Santa Isabel (1072ms).
Baños de barro en el pantano
En las aguas libres el somormujo quizás esté de gala y el pequeño zampullín asustado con tanto ruido se zambulla debajo del agua para aparecer un buen trecho más allá de donde se sumergió.
Si la encina nos acompañó desde el llano, aquí nos recibe el roble, que en Aragón solo vive en las montañas y una cohorte de plantas totalmente desconocidas en el secano. No solo las flores que se aferran a la tierra o la roca, si no también esas otras que se dejan llevar por el viento, las mariposas: zygenas, apolos, ortigueras, auroras, pavones...El musgo trepa por la cara norte, aunque no siempre, de los troncos y las rocas como una brújula viviente. Las hepáticas y primaveras son las primeras en saludar a la primavera mientras las grandes y vistosas coronas de rey se asoman al vacío desde las paredes donde florecen llegado el principio del verano.
Como pequeños kamicazes los vencejos reales guardan la Foz de Escaletes, enfrente de esta pequeña y vieja estación, como un tajo en la montaña. Si los Mallos de Riglos asemejan una enorme e hidalga mansión la Foz es un patio trasero a la altura de esa hidalguía, patio alfombrado de pinos, robles, arces, enebros, encinas y coscojas. Aquí y allá los majuelos decoran el jardín en primavera con su redonda y florida figura, que más adelante teñirán de rojo miles de pequeños frutos. Si en el valle es difícil encontrar orquídeas en este patio trasero cubren sus praderas bajo un cielo intensamente azul que extraña a quienes venimos de los blanquinosos cielos del llano, anticipo del cielo nocturno cubierto de millones de estrellas que parecen haber salido de la nada, pues la ciudad con su excesiva luz artificial nos roba este espectáculo: Orión, Pléyades, el rojizo Marte, los blancos Júpiter y Venus (el Lucero del alba) y la lluvia de meteoritos provenientes de las perseidas, que fieles a su cita caen envueltos en fuego en agosto, aunque también cualquier noche del año en menor medida.. Si al principio el pantano destruyó un tramo de río, décadas más tarde ha creado en sus orillas un pequeño paraíso cubierto de grandes carrizales, choperas y sauceras que cobijan a una gran variedad de fauna, tanto autóctona de la montaña como venida del llano atraída por las nuevas condiciones.
El jabalí se baña en el barro de sus orillas mientras el corzo marca con su cuerna sobre pequeños árboles cercanos a la vía; el pito real anida en las acacias plantadas en las estaciones y la sombra de un milano surca las verdes aguas del pantano. Si no se tiene mucha prisa se agradece que RENFE tenga tan descuidada esta vía, así el tren tiene que ir despacio.

De nuevo un jefe de estación nos encorre con su pito y su bandera, el tren cierra sus puertas y todos nos ponemos de nuevo en camino, tu, yo y el Canfranero.
Lejos (aunque no mucho) quedan aquellos viejos vagones de madera y las seis horas y media que le costaba al tren hacer el trayecto de Zaragoza a Canfránc (en el siglo XXI hemos alcanzado altas cotas de tecnología y solo le cuesta 5,30 horas) y lo más divertido, las puertas no se cerraban !ni te obligaban a cerrarlas! con lo que el viaje tenia un alto grado de diversión, amén de que en los 80 no había tantos coches por lo que el Canfranero el viernes para subir y el domingo para bajar era una especie de melé de mochilas, montañeros, bocadillos y alguna que otra cosa más...
Nada más dejar Yeste volvemos a cruzar el Gállego, a la derecha el valle que acaba en el pantano de Arguís, que es una mina de fósiles esparcidos por cualquier lugar y el Barranco de Escaletes (que no Foz), pequeño pero espectacular, con sus cortados, sus riachuelos y algunos recuerdos vagando entre sus laderas. Nutria
Espero no volver a encontrar cepos cubiertos de gallinaza para cazar zorros, pero donde desgraciadamente cae de todo, incluso casi mi mano. A la izquierda los azudes sobre el Río para robarle agua y un estrecho valle, donde apenas cabe el río, el tren y la carretera, que nos deja en Anzánigo con su destartalada y olvidada estación. A veces deberían conservarse las cosas viejas tal cual pues tienen un encanto especial, aunque es triste ver su vestíbulo convertido en un basurero y sus paredes cubiertas de un arte un tanto dudoso en cuanto a su calidad.
Las acacias que flanquean esta y casi todas las estaciones del recorrido, han visto pasar muchos trenes, cubiertas con un manto de líquenes que nos hablan del aire puro que respiran y de vez en cuando sus troncos decorados con unos curiosos agujeritos de 5-6cm de diámetro que son la casa de los pitos reales (pájaros carpinteros).
Ambos, estación y acacias han crecido juntas y visto cambiar muchas cosas, ¿cuantos pajarillos se habrán posado sobre ellas o cuantos habrán nacido entre sus ramas o bajo sus tejas?.
Anzánigo, como tantos otros pueblos de estos valles, está casi abandonado y vuelto a repoblar, solo para fiestas, por gentes venidas de fuera.
Un puente romano cruza el río y le comunica con el mundo exterior, a su costado el árbol de las estrellas, buen lugar para tumbarse a ver el cielo estucado de millones de tintineantes lucecitas de colores y escuchar al cárabo cantar: uh....uuuuhhh.
La carretera que discurre paralela a la vía, pero al otro lado del río, pasa al pie de unas paredes de tierra roja y con suerte podremos ver una chimenea de brujas naciendo.
Chimenea de brujas
Nuestra próxima parada es Caldearenas-Aquilué y seguidamente entramos en un estrecho valle cubierto de pinos y robles.
Una central eléctrica filtra las revoltosas aguas del Gállego para generar la energía necesaria para las inagotables necesidades de este rico occidente.
Quien le diría al río en lo que se va a convertir en su desembocadura, con una gran parte de su agua robada y la que le queda... a buen seguro se subiría con nosotros al tren, aunque esto no le resultaría tan fácil como a la osa del parque Bruil cuando se fue a descubrir el mundo con nuestro amigo “El hombre del aire libre”.
Desde aquí os envío un abrazo y deseo que seáis felices allá donde estéis.
Sería una sorpresa que nos esperarais en la estación de Orna de Gállego o saludándonos detrás de los altos chinebros (enebros) que jalonan los campos y con los que se fabrica la mitad de un cubata: la ginebra.
Y tras una curva un rincón a recordar, un lugar de esos que nadie suele visitar y que nos trae a la memoria aquello de que a sorpresa salta a la vuelta del camino.
Una fantástica escultura natural compuesta de largas crestas paralelas que parecen una bandada de carpas con sus lomos asomando sobre al agua somera donde realizan la puesta. Una cresta de caliza, otra de conglomerado, con las hiedras trepando sobre sus costados y
flanqueadas por robles.

Adiós al Gállego
Sin darnos cuenta pronto la montaña parece desaparecer y entramos en la gran depresión que separa las sierras interiores del alto Pirineo. Una curva aquí, otra allá y cruzando sobre un pequeño río, que más parece una cloaca, Sabiñánigo, pueblo feo donde los haya (con perdón). El Gállego
ha dirigido sus pasos por otros derroteros, encaminándose al lugar de su nacimiento, el valle de Tena. Este valle nos recibe con sus iglesias románicas y una torre árabe de vigilancia, recuerdos de la frontera entre cristianos y musulmanes, más arriba dólmenes, morrenas de antiquísimos glaciares, bosques, montañas, hielo,...
Nosotros nos dirigimos a la divisoria de aguas entre la cuenca del Gállego y la del Aragón, detrás Jaca. Este valle en el que se encuentran Jaca y Sabiñanigo es un poco triste pues a nadie pareció interesarle respetar ni un pequeño retazo de bosque, a excepción de unos pocos árboles sueltos y un mosaico de rosales, majuelos y poco más.
Aunque como todo depende del cristal con que se mira seguro que a la luz de la luna la vida se desborda y zorros, garduñas y un sin fin de desvergonzados noctámbulos estarán de juerga hasta la madrugada. El miope tejón saldrá de su tejonera, después de haber tomado todas las precauciones y si es enero los galanes felinos salvajes estarán cortejando a la chica que más les gusta del barrio. A plena luz del día la figura del sisón, primo hermano de la avutarda, se enseñorea de los últimos campos de cereal en compañía de cornejas y cuervos, que a pesar de ir de negro no van de luto.
Poco a poco surge del llano a nuestra izquierda la ladera que acaba bruscamente en peña Oroel (1769ms) con su virgen en la cima y una liebre europea ajena al deporte del montañismo.
Cuesta poco recorrer la distancia que nos separa de Jaca, Iak según los Íberos, mucho más nos costaría recorrer la distancia que nos separa del año 194 antes de Cristo, cuando el cónsul Catón venció y sometió a los últimos iacetanos, con una treta que dice mucho sobre la dualidad humana: su estupidez y su inteligencia y de como a pesar de los más de 2000 años pasados nos queda mucho por aprender.
Como los romanos no podían tomar Jaca recurrieron a los suessetanos, enemigos de los iacetanos y eternos perdedores, que simularon un ataque en el que como estaba previsto fueron derrotados saliendo en desbandada. Los iacetanos envalentonados salieron en su persecución, cuando se dieron cuenta los romanos habían entrado en la desguarnecida Jaca. Los musulmanes no lo consiguieron siglos después. Jaca fue la sede del primer Consejo de Ciento, formado por cien hombres buenos de Jaca.
Más alegre y pacífica resulta su estación, totalmente fuera de contesto, pequeña y vieja y por supuesto con sus correspondientes acacias. No sé por qué le llamarán a Jaca la perla del Pirineo... debe ser por su estación.
Está como cada una de las estaciones del recorrido, nos transporta a los primeros días en que empezaba a dar sus primeros pasos el Canfranero, la alegría, el jolgorio y los gritos de dinamita al Pirineo (1881). De esta época reza la coplilla popular:

No te cases en ta Bubal,
ni en ta Foz, ni en ta Sallént
Felo en ta Samianigo
que veras pasar lo tren

De Jaca a la peña Oroel hay un corto y agradable paseo, mucho más bello e interesante que la Gran Vía de Zaragoza sin duda alguna. Para subir arriba no hay ascensor, pero en los ascensores no crecen las setas, las frambuesas o los arándanos. Tampoco huele a pino ni abeto, a menos que no
echemos ambientador y aunque con suerte veamos algún buitre desde la torre del Pilar, es seguro que por sus escaleras no corren las liebres ni saltan las ardillas, ni el motor del ascensor que asciende a la torre se parece mucho al “traqueteo” del pito negro en la espesura del bosque. La carretera que nos conduce a Oroel también nos lleva al pantano de la Peña y en verdad que estas carreteras deberían ser declaras de interés y conservadas como tal, pues cuesta discernir la carretera de la montaña y cada curva, cada repecho y cada recoveco de estas humildes carreteras son un pequeño santuario a la convivencia del hombre con el bosque y la antítesis de la frenética vida que nos hemos impuesto. No se puede conducir deprisa pues el trazado no lo permite, amén de que es imposible viajar por ellas sin fijarse en el paisaje: cada monte, bosquete, poza, cada planta que crece entre las grietas de la roca o reventando el duro asfalto y si es de noche jugar a esquivar jabalíes, garduñas, tejones, ciervos, ratones, chotacabras,...

Nada es al azar
Casi todo el mundo da por hecho que en la vida diaria la “casualidad” es un factor determinante, aunque sirva de poco afirmaré, no soy el único, que la casualidad no existe. De la misma forma donde muchas personas ven fallos en la naturaleza (las deformaciones, las plagas o las enfermedades, por ejemplo) los especialistas ven pruebas que en su mayoría son fracasos, pero algunos de esos “errores”conjugados con una serie de factores dan lugar a nuevas formas, a nuevas adaptaciones que terminan triunfando, pues a lo largo y ancho de nuestro planeta hay miles de grandes o pequeños biotopos donde una pequeña característica peculiar hace que una especie triunfe sobre las demás. Y así podemos observar la infinita variedad de formas que poblamos la tierra, algunas muy “normales”, pero otras son dignas de figurar en un museo.
¿Porqué esa enorme variedad de formas? pues porque cada una de ellas tiene su función. El pico del gorrión sirve para comer granos duros, mientras el fino pico del papamoscas sirve para coger cosas blanditas como un insecto y el ganchudo pico del águila real para desgarrar la carne de sus presas.

Las ramas estratificadas del haya sirven para captar hasta el último rayo de sol en un bosque donde este es escaso, los pinchos de las hojas de la encina para evitar que los ungulados se las coman, la pelusa que envuelve las hojas de algunas plantas para protegerse de los rayos de sol y la forma en embudo de algunas hojas para dirigir el agua condensada del rocío hacia el tallo y de este a las raíces.
A veces sentado en un collado o al pie de un cortado puedes observar el acrobático vuelo del vencejo real y cuando pasa cerca oyes el zumbido de sus alas al rozar las plumas con el aire, pero si lo que pasa sobre tu cabeza es una lechuza no la oirás, pues sus plumas están como deshilachadas por lo que su vuelo resulta absolutamente silencioso. De otra forma las milésimas de segundo en que el sonido llegara al oído del ratón antes que las garras de la lechuza dejarían a esta sin su cena.
Y así necesitaríamos una enciclopedia sólo a modo de introducción... para comprender que nada es al azar y que la diversidad de formas (biodiversidad) tiene un porque que solo alcanzamos a comprender de una forma limitadísima.

El Aragón
Un nuevo pitido, ya familiar, pone de nuevo en marcha el Canfranero. Dejamos Jaca, primera capital del reino de Aragón con su rey Ramiro I, a los iacetanos y a la manada de ciervos que hay en el foso de la ciudadela. A partir de ahora el río Aragón nos hará compañía y de su mano nos adentraremos en el valle donde se encuentra nuestro destino.
Afortunadamente no tenemos que esperar a cada lunes para poder salir escoltados por el ejercito si no queremos ser pasto del bandolero de Hecho Lupercio Latrás “Lupercio lo bandolero”(siglo XVI).
El río también nos habla del acontecer actual del valle, como esa extraña construcción redonda, plateada y espacial, al salir de Jaca a la izquierda, que no es más que una central eléctrica, emblema del intento de dominio del hombre sobre la naturaleza y en especial de éste nuestro río, pues el agua viene por túneles excavados en la roca desde Candanchú.
Nos contará cuando vio pasar su primer tren el 17 de julio de 1928, cargado todo él de ilusiones y esperanzas (ni siquiera faltaba un vagón de falleras venido de Valencia) y lleno de sudor y duro trabajo.
De como a hurtadillas los habitantes del bosque se asoman a sus limpias aguas: la marta, el jabalí, el blanco armiño o la juguetona reina de las aguas: la nutria.
El Canfranero ya no dejará la compañía del Aragón, aunque muy a menudo se despidan breves momentos al paso por los innumerables túneles que a partir de ahora marcarán el camino, enfilando ambos justo hacia la estrella polar y el punto cardinal que nos marca.
La sierra de los Ángeles (1425ms.) corre paralela a nosotros y cruzamos el Aragón por primera vez, poco antes de llegar a Castiello de Jaca.
Desde aquí ya se ven las altas montañas coronadas de roca a lo lejos, mientras el valle poco a poco se va estrechando.
Este valle, llamado como el río, ha sido a lo largo de la historia paso para muchas gentes de muchos lugares distintos, unos traían cultura, otros guerras, unos y otros conformaron nuestra cultura actual y el devenir de esta tierra que es Aragón.

A decir de Lucio Marineo Siculo (1460-1533) en su crónica D`Aragón (Zaragoza 1509) “Aragón en un principio se llamó Iberia, debido al río Ebro. Más tarde pasó a llamarse celtiberia, al sumarse el nombre de los pueblos franceses que ocuparon las orillas del río, al de este.
Según Lucano, Celtiberia es una provincia de la España de más acá del Ebro, a la cual los hispanos ahora llaman Aragón.
Sobre este vocablo le pregunté con insistencia para que me aclarase la cuna y nacimiento de este nombre:

Acuérdome de haber leído en algunas memorias de griegos, antiquísimas, que cuando Hércules pasó por España, con un muy grande ejercito, después de haberla conquistado y hecho de ella muchas grandes ciudades, edificando allí, en diversos lugares, puentes muy conocidos.
Tras haber conquistado la parte de la península de más acá del Ebro, los pueblos Cántabros y vascones y sojuzgados a los celtíberos, en memoria de su triunfo acordó hacer solemnes sacrificios junto a un río que nace en los Pirineos y pasa por Marcilla y por otros muchos lugares de Navarra, para después juntarse con el Ebro; Hércules puso altar y lugar de sacrificio en la ribera de este río. Después de estos ritos se celebraron muchos juegos de alegría, que se llamaron Agonales; del nombre de estos juegos llamó a aquel río Aragonio, que antes se le conocía por Magrada. Bautizo a la provincia Aragonia, que primero Iberia se decía, de suerte que por el altar, que en Latín se llama Ara y por los juegos, Agonales, juntándolas dijeron Aragón”.

Esta vieja Iberia tiene una larga historia y cada rincón de ella podría contar muchas, muchas cosas, como cada traviesa y cada piedra de la vía del Canfranero, discurriendo suavemente valle arriba.
Si las piedras de las ermitas nos hablan de la historia del ser humano, las piedras del camino nos hablan de la historia de la tierra. Así nada más salir de Castiello y cuando cruzamos la carretera, a nuestra izquierda se ve un imponente pliegue de rocas testigo no de miles de años si no de millones. Cómo cada recódo del camino o cada canto que arrastra el río después de cada tormenta rugiendo entre las aguas: rojos, verdes, negros,...

Hubo una era en que el lugar que ocupan estas montañas era un mar. Hace 150 millones de años increíbles fuerzas empujaron desde lo más profundo de la tierra una inmensa mole de granito precursora del Pirineo actual (orogénesis Herciniana). A ambos lados de esta cordillera quedaron sendos brazos de mar en cuyo fondo se posaron durante millones de años los desperdicios de esta joven montaña arrancados por los elementos, más los restos de los animales que poblaron ese mar creando la gris caliza.
Hace 25 millones de años esas fuerzas empujaron de nuevo (orogénesis Alpina), elevando aún más esa ya vieja cordillera y el fondo de los brazos de mar se convirtieron en negras y grises calizas y margas cuajadas de los fósiles de miles de especies ya desaparecidas.
La placa donde se halla flotando Europa y la que sustentaba a Iberia presionaron plegando la faja de calizas que rodeaba al granito dando lugar a un mosaico de formas.
Más tarde de las entrañas de la tierra surgieron decenas de volcanes en el Pirineo oriental (Olot) y en el occidental (picos de Anayet, Midi D`ossau, etc.) que dieron lugar a los piedras de color verde.
De la cordillera primigenia de granito los ríos bajaban burbujeantes para fundirse con el mar y creando deltas donde se depositaban los limos que el agua arrastraba y que dieron lugar al rojo (Canal roya o Aguas Tuertas).
Así cuando nos acercamos a la orilla del río Aragón podemos encontrar guijarros grises (caliza), verdes (volcánicos) o rojos (limo de los deltas).
El viento, el agua, el hielo y los seres vivos cambiaron con su actividad la faz de esas montañas hasta convertirlas en lo que ahora podemos ver, un mosaico de formas, colores y texturas sin fin.

Esta versión es científica pero es más romántica la versión mitológica que cuenta como el gigante tricéfalo Gerión se enamoró de Pirene, hija de Túbal (nieto de Noe que vino a Ibéria después del diluvio y fue el primer habitante de esta tierra), esta se negó a los deseos del gigante, éste despechado pretendió tomarla por la fuerza y Pirene se escondió en un monte bajo y áspero donde Gerión no fue capaz de encontrarla. Enfadado quemó todo el monte. El mitológico Hércules pasaba por allí de vuelta a Italia y vio el humo, cuando llegó logro encontrar a Pirene ya moribunda, tras su muerte Hércules amontonó grandes piedras sobre su cuerpo, a modo de tumba, y así se crearon los Pirineos...
A cada paso del camino se suceden túneles, puentes, viaductos, muros de piedra, testigos del duro trabajo que les costó a miles de hombres construir una vía férrea en un lugar tan abrupto, especialmente a partir de Castiello y sin la tecnología actual.
Han quedado atrás obscuros años donde el interés del ser humano estaba muy por encima de la naturaleza y se segaban los bosques sin ningún miramiento y con él los animales que lo habitaban.
Las nuevas formas de ver son algo más respetuosas y las necesidades de la gente no tan apremiantes por lo que el bosque se recupera poco a poco y donde en los años 40 se cazaba algún jabalí hoy se cazan docenas y la carretera que une Jaca con el Somport se ha convertido en una especie de carrera de obstáculos vivos donde 73 coches no llegaron a su destino en el año 96 gracias a otros 73 ciervos o jabalíes que se cruzaron en su camino. Incluso el Canfranero ha arroyado alguna vez a estos grandes animales.
Los ciervos parten de unas introducciones hechas en los años sesenta en el valle de la Garcipollera, desde donde se han expandido en todas direcciones. Al fondo de la Garcipollera se encuentra la ermita de Iguacel, donde dicen que se encontró depositado el santo Grial antes de ir a parar a Valencia.
Cruzamos de nuevo el río y volamos sobre un larguísimo viaducto que va siguiendo la curva de la montaña. Abajo se ven antiguas construcciones acompañadas de unos luminosos arces y de una pradera salpicada de aliagas, rosales, agracejos,...
Mientras observamos como crecen por momentos las montañas que nos rodean el tren vuelva a cruzar el río, donde podemos ver un pequeño azud, piscina pública de día para las personas y de noche para la nutria.
Si los primeros, los humanos, sabemos que han estado por la basura que han dejado, la segunda por un pequeño excremento sobre el hormigón que por lo menos sirve para marcar su territorio.
La estación de Villanúa queda muy alejada del pueblo, sobre la ladera. Desde donde nos encontramos podemos ver su parte vieja y la nueva y con un poco de imaginación el glaciar que desbordando por el valle caía hasta cerca de la estación, donde si buscas encontrarás los restos de la morrena de aquel glaciar.
Sobre el pueblo como enormes gigantes de barro, de sur a norte, el Sayerri (2135ms.), las Blancas (2210ms.) y el Aspe (2640ms.), al fondo del valle aparece la roja cima de la Raca y a nuestra derecha, como una escultura truncada, el Collarada (2886ms.).
Nada mas dejar el pueblo, el valle se cierra bruscamente y atravesamos un encinar, es el último vestigio del clima mediterráneo, de aquí para arriba todo cambia.
Entre los campos que atravesamos la historia se desparrama como en un vaso..., la cueva de las Güixas o el dolmen sirviendo de muro entre campos.
Los dólmenes eran considerados como lugares idóneos para la celebración de aquelarres por las brujas, estas fueron perseguidas implacablemente por los mismos moralistas que proclamaban que el hombre no debía bañarse a menudo “pues estaba hecho de barro y podía despegarse”.

Canfránc
El valle se estrecha hasta que la vía se pierde en mitad de la ladera y el monocolor encinar de la ladera de enfrente, al salir de Villanúa, da paso a un mosaico de frondosas (árboles de hoja caduca), bosquetes de tremboletas (álamo temblón) de verde corteza, abedulares con su inmaculada corteza blanca, bujeras, arces, avellaneras, hayas, artos (majuelo), fresnos de montaña, los primeros abetos,... Es una mezcla curiosa ya que este valle es una frontera entre el clima húmedo del atlántico (las hayas) y el seco del mediterráneo (las encinas).

















El efecto Foehn
Las grandes montañas marcan drásticamente el clima de las tierras que les rodean dando lugar a una vertiente muy húmeda y la otra seca, más seca cuanto más grande es la montaña, llegando incluso a ser un desierto, desierto de Arizona, el Gobi o los Monegros.
El viento predominante, aquí es del noroeste y le llamamos Cierzo, que llega cargado de la humedad recogida en el océano Atlántico, cuando asciende por la vertiente francesa se enfría, condensando la humedad y precipitándola en forma de agua, granizo o nieve. Cuando salta a la vertiente Aragonesa el aire ha perdido gran parte del agua y cuando comienza a bajar se calienta poco a poco más de lo que se enfrío subiendo, contribuyendo más a la sequedad. De esta forma la vertiente Francesa es muy húmeda y también la Ibérica hasta Hecho, pues al ser todavía muy baja la cordillera el efecto desecante (efecto Foehn) casi no se produce, acentuándose según crece la cordillera y siendo máxima la diferencia entre
vertientes en la zona de Chistau y Benasque.
En el Pirineo Catalán al venir la humedad del Mediterráneo es
la vertiente francesa la que sufre la sequedad.Si quitásemos los Pirineos de ahí Zaragoza se convertiría por arte de magia en un robledal exuberante.

Aquí es verdad que los árboles no te dejan ver el bosque ni el paisaje, pero entre claro y claro en el fondo del valle los prados verdes donde pacen las vacas de Toñin, el último de una larga tradición, la cabaña de José y el pequeño Canfránc pueblo, o lo que dejó el incendio de los años 40.
Este pequeño pueblo se mantuvo valientemente, como otro pueblo de la Galia que recuerdo, al margen del turismo, la vida era tranquila y apacible, un frontón, unas alegrías en el mentidero y luego un chapuzón para llegar a la cabaña, pero los romanos vestidos
de turistas conquistan poco a poco sus calles.
Sobre el pueblo el barranco de enanitos con los restos del antiguo vivero donde se gesto una parte del bosque que cubre todo el valle, otro se encuentra en la casita blanca de Canfránc estación y otro encima de la Torreta.
Según la jefatura de montes se plantaron desde 1908 y hasta después de la guerra civil casi 7 millones de árboles. Si te fijas en las viejas fotos de los establecimientos públicos de Canfránc te fijaras que a principios del siglo XX todo era una inmensa pradera sin tan apenas arbolado, entre lo que se plantó y lo que ha crecido hoy solo se ve hierba en el fondo del valle y en pequeños prados que en muchos casos el bosque engulle lentamente como recordándonos que un día ese terreno le perteneció y lo vuelve a recuperar.
Encima Gabardito (nombre que designa a un lugar poblado de rosales) con su fresca fuente en mitad del abetal, la fuente de Abetazos. En Gabardito se encuentra una de las zonas kársticas más importantes de Europa, el llamado “Sistema Lecherines”. Por una de sus cuevas se ha descendido 950 metros de desnivel siendo la 2ª de Europa y toda vía queda mucho por descubrir.
Encima de Gabardito también se encontraba hasta hace poco una cueva de hielo, hielo que no ha resistido las dos últimas décadas de altas temperaturas y lo más que encontraremos serán unas pequeñas manchas. En cualquier caso el minúsculo vallecito en el que esta la cueva es un lugar delicioso.
Quien puede imaginar a este pequeño enclave, Canfránc, como punto franco donde pagaban impuestos las mercancías procedentes de los musulmanes hacia Europa y de Europa hacia el sur, siendo para la corona de Aragón de una gran importancia económica y donde en el 1288 se firmaría la paz de Canfránc con el rey Eduardo I de Inglaterra.
Las laderas cubiertas de un espeso bosque en poco se parecen a las que dejamos al principio y quienes no conocen estas montañas y vienen del secano se maravillan de estos bosques y piensan que siempre han estado ahí.

Poco tienen que ver las flores que ahora se asoman a la ventanilla de nuestro tren con las que asomaban al comienzo de este viaje: primaveras, orquídeas de muchos tipos, espigados martagones y la belladona, que las mujeres romanas usaban del jugo de sus negros frutos para dilatarse las pupilas y estar más “bellas”.
Las brujas no tenían problemas con su imagen haciendo un uso bien distinto por su parte de esta gran planta.
En los otoños húmedos e incluso durante el verano el suelo del bosque se cubre de multitud de setas de variado tamaño y colorido: colmenillas, rebollones, rusulas, galampernas, boletus y la siempre recurrente amanita muscaria, deificada por distintos pueblos y por miles de cuentos y libros.
Estos bosques son la casa de animales que se atreven a vivir en el llano y de otros muchos que solo encuentran aquí su pequeño paraíso. En la frescura de los bosques de montaña encuentra cobijo el esquivo corzo y el gran ciervo, la acrobática ardilla perseguida por la marta, con su babero amarillo a diferencia de la garduña que lo tiene blanco. El lirón gris capaz de andar por un techo de madera bocabajo y una caterva de topillos, musarañas y ratones que hacen las delicias de rapaces y carnívoros.
El gorrión y el estornino han dejado paso al pinzón, al mirlo, a los llamativos camachuelos y a una larga lista de pajarillos que más les vale estar atentos a las sombras fugaces del bosque porque pueden no traer noticias de quebrantahuesos y alimoches volando sobre las nubes, sino del azor o el gavilán escondidos entre la espesura.
En la orilla del camino las negras zarzamoras se tornan en rojas y sabrosas frambuesas, acompañadas de dulces fresas y negros arándanos. Aquí el estío del verano no existe y los colores de las estaciones no son los mismos que en el resto. Si en los páramos y somontanos el otoño y el invierno son verdes, a primavera multicolor y el verano pardo, aquí el invierno es blanco, la primavera multicolor, el verano verde y el otoño salpicado de rojos, marrones y amarillos otoñales.
Estos bosques animan a imaginar al oso recorriéndolos, tristemente es de los pocos que faltan, a pesar de que el vecino valle francés del Aspe ha sido siempre osero.
El único dato que se recuerda de su presencia aquí está en los archivos, los habitantes de Canfránc pidieron ayuda a unos cazadores franceses para acabar con un grupo de osos y más tarde con una vieja osa que diezmaba los rebaños.
Sus cuerpos fueron paseados por las calles del pueblo (1882). Canfránc pueblo queda atrás, entre las fugaces visiones que nos permiten los túneles como si fuera una vieja película con cortes, momento en el que cruzamos sobre el barranco de Ip. Quizás con un poco de suerte veamos en la ladera de enfrente el barranco de Aguaré bajando desde Gabardito.
Si algo no falta aquí es el agua corriendo, manando de la montaña, creando charcas, arroyos, barrancos o ríos.
Al poco de dejar Ip vemos en la ladera de enfrente, justo encima de la carretera una antigua torreta militar que la piqueta estuvo a punto de hacer desaparecer, afortunadamente la intervención de los vecinos del valle la salvo de un final tan triste y allí sigue como recuerdo de antiguas rencillas con nuestros vecinos franceses.
En los siglos XVIII y XIX franceses y españoles se enzarzaron en la construcción de cuarteles y pequeñas fortificaciones por el monte en previsión de una invasión.
Aunque realmente la verdadera invasión se llevaba produciendo más de mil años en forma de peregrinos por el camino de Santiago.
Millones de anónimas personas y no tan anónimas: Luis XIV de Francia (1154), San Francisco de Asís (1213) o Eduardo de Inglaterra (1366). Hoy sigue esa silenciosa invasión pero, la verdad sea dicha, resulta paradójico que los nuevos peregrinos anden por un camino de fe armados de muy poca fe...
Dos túneles más y por fin nuestra meta, la estación de Canfránc, porque en el estado en que está queda un poco pedante llamarla estación “internacional”.
Supongo que cualquiera al ver semejantes instalaciones lo primero que piensa es que hace todo esto perdido de la mano de Dios.
La verdad es que aunque nos quejemos de su lamentable estado está muy bonita y ver los árboles crecer en mitad de las vías queda muy rústico o coger fresas y frambuesas entre viejos vagones y talleres o ver criar a los colirrojos en los huecos topes de los viejos vagones te puede hacer creer, si te descuidas, que estas paseando por los restos de una civilización perdida.
Nada más bajar del tren la visión es espectacular, aquí si que hay que levantar la vista para ver el horizonte. El olor, el color, el ambiente poco tienen que ver con el que dejamos en Zaragoza.
Cuando terminaron de construir la estación toda la montaña que se ve alrededor era una inmensa pradera sin bosques donde pacía el ganado: caballos, ovejas y vacas, pero repoblaron todo para que el bosque, una vez crecido protegiera la estación de los aludes.
Más tarde se construyeron muros que se pueden observar por las partes más altas y aún así el alud que cayó en los años 80 por detrás de la iglesia arrasó miles de grandes árboles y destrozó muros de tres metros de ancho. De no haber sido por ellos quizás hoy ya no fuera necesario hablar de arreglar la estación.
Todo en derredor nos transporta a principios de siglo, la estación, los andenes, la verja que separa la estación del pueblo, el puente con su viejo pasamanos, el paseo de los enamorados,... Todo ello da para pasar un buen rato paseando y disfrutando en un entorno tan hermoso.
Este valle es como un caleidoscopio, cada vez que lo mueves lo ves todo distinto, los colores cambian con el paso de las estaciones y con cada paso que das por sus senderos va apareciendo la historia de este valle, en gran parte cubierta por la vegetación y por el tiempo, por lo que cuando miramos a la montaña solo vemos una pequeña parte del tesoro que esconde.
Hace muchos años que de la estación solo se usa una pequeña habitación para expender los billetes, el resto esta abandonado a su suerte y en condiciones de práctica ruina. Esperemos que los pomposos planes de reconstrucción lleguen antes de que un bosque crezca entre sus ruinas y que una historia como esta tenga una segunda parte, cuando menos tan larga como la primera.
Una vez que cruces la verja de la estación dejas atrás la historia del Canfranero y su camino para comenzar la del valle de un río llamado Aragón.
No es el final del camino si no el comienzo de la historia por contar.

Estaciones de interés para el paseante
Tanto para los paseantes, montañeros, ciclistas de montaña, naturalistas o simplemente amantes del buen vivir el trayecto de Canfranero es un auténtico paraíso cuajado de estaciones donde bajar y darse gusto sin reparos. Para un día, una semana o un año entero nuestro Canfranero es una especie de caja de Pandora que una vez abierta de poco sirve volver a cerrarla.




























Anayet














A menudo las guías que nos hablan de parajes o lugares de interés tienden a mostrarnos auténticos paraísos naturales de renombre con espectaculares vistas, montañas, bosques, etc. pero rara vez tienden a mencionar pequeños paraísos: una charca, un árbol, un recoveco,... como si un paraíso por antonomasia deba de tener una gran extensión o un pomposo nombre. Por contra el Canfranero, fiel al dicho “lo pequeño es hermoso”, nos muestra en su discurrir un rosario de pequeños santuarios que nada tienen que envidiar a las grandes catedrales.
Y ya que el Canfranero nos permite meter en el furgón de cola nuestra bicicleta
(!GRATIS!) podemos dedicarle a este trayecto unas cuantas vacaciones y a nuestro espíritu el tiempo que cotidianamente no le dedicamos.
De la mano de la osa del parque y del hombre del aire libre yo te digo, humildemente, ¡pasajero coge tu billete y cuando lo cojas entre tus manos recuerda que ese pequeño pedazo de papel no vale su precio en oro pues no hay dinero que pague lo que vale este camino!.
Pasajero esta tierra no es Aragón, son muchos “aragones”, de ti depende disfrutar cada uno de ellos.

Estaciones de interés

Zuera
Sin tener Zuera un entorno estéticamente comparable al del Pirineo posee un gran bosque típico de la zona en el límite de las nieblas y muy interesante de conocer.
El soto y el río forman un conjunto que hay que visitar, especialmente en invierno y primavera. Anexo al soto se encuentra un grupo de lagunas de agua salobre de gran importancia, aunque totalmente desconocidas.
Estos tres biotopos hacen de Zuera un lugar al que dedicar unas cuantas excursiones.
1-Pinares de Zuera
Es una masa forestal de 12.000has compuesta en su mayor parte de pino carrasco en bastante buen estado. Es uno de los mejores bosques del valle del Ebro y su entorno a pesar del incendio del 90. Tiene una buena representación botánica, ornitológica y de mamíferos: comadreja, jineta, garduña, gato montés, zorro, tejón, jabalí, y algún corzo en la cara norte. Tal como va el ciervo en las últimas décadas sería fácil en un futuro cercano su presencia.
Para acceder al bosque es mejor hacerlo por la carretera que va desde Villanueva de Gállego hasta Castejón de Valdejasa.
2-Sotos del Gállego
El Gállego desde Montañana es uno de los mejores ríos de Aragón por la relativa calidad de sus aguas y por la dinámica del propio río que discurre serpenteando y creando multitud de islas y pequeños rincones absolutamente deliciosos. Es de destacar el azud de Camarena, tres kilómetros al norte de las saladas, donde el río tiene gran anchura y esta salpicado de isletas.
El río está flanqueado en todo su recorrido por un soto que en conjunto es uno de los mejores de tierras bajas.
La presencia de la nutria del barrio de Montañana para arriba da fe de la salud de este río.
3-Las saladas
Este enclave es muy importante (y curioso) por el conjunto de pequeñas lagunas formadas por surgencias de agua salobre (con muchas sales) rodeadas de una vegetación muy especial compuesta de un numeroso grupo de plantas adaptadas a la sal. Esta zona destaca por una importante presencia de aves limícolas (ligadas al agua) y galápagos.
4-Laguna de agua dulce
Aunque esta pequeña laguna, producto de estación de gravas, no es como para figurar en la lista de espacios de máximo interés, no deja de ser un rincón de vida, con sus aguas pobladas de fochas y azulones, aunque estos suelen estar escondidos en el carrizo, usado también por una colonia de garcetas para dormir. Andarríos, cigüeñas, cigüeñuelas, etc.

Huesca
Los alrededores de Huesca ya no son como cuentan las crónicas hasta después de la guerra civil, un cinturón de encinas que rodeaban la ciudad. No obstante se mantienen un grupo de pequeños enclaves que hacen de los alrededores de esta pequeña ciudad un lugar idóneo donde pasear.
Por supuesto lo primero a destacar es la cercanía del Prepirineo con Arguis y Badiello en primer termino y los encinares de Chimillas, el que hay viniendo de Zaragoza y algunas otras manchas sueltas.
El Flumen, el Isuela y un grupo de charcas más el embalse de Valdabra son un conjunto de zonas húmedas, sotos y bosquetes muy importantes para la fauna y flora salvaje.
La diferencia climática entre la hoya de Huesca y el valle del Ebro es pequeña pero la suficiente para que haya unas diferencias notorias, especialmente porque la niebla y el cierzo se dejan ver mucho menos por aquí.
1-Embalse de Valdabra
Este pequeño embalse sin ser un
lugar estéticamente bonito es excelente para dar un paseo y poder observar un buen número de aves ligadas al agua.
2-Alberca de Loreto
Este pequeño enclave es un lugar idóneo para poder observar la fauna y flora
de lugares húmedos, muy abundantes antaño y que fueron masivamente destruidos, tanto para convertirlos en tierras de cultivo como para combatir la malaria. En verano suele secarse pero en épocas húmedas llega a tener una buena extensión.
3-Charcas
Existe un buen número de pequeñas albercas rodeando la ciudad, algunas de ellas muy bonitas y que en conjunto son de gran valor, tanto para la vegetación asociada como para la fauna, especialmente anfibios que viven en ellas o las usan para criar.
4-Río Flumen
En esta zona el río va encajonado en un barranco profundo y espectacular por lo que ha conservado en gran medida sus valores naturales, valores que el Isuela recupera lentamente desde la inauguración de la depuradora. Es un buen lugar para observar el trabajo paciente del agua sobre la dura roca.
5-Encinar de Chimillas
Este encinar junto con el que hay poco antes de llegar a Huesca es de los pocos encinares de llanura, por no decir los únicos que se salvaron del fuego o las máquinas. Está cruzado por una barranquera que no suele llevar agua y que desagua en una pequeña balsa en mitad del bosque, lugar excepcional donde quedarse a dormir y poder ver al anochecer y al amanecer a los mamíferos y las aves que van a beber. En la parte noroeste del encinar y ligeramente aislada del bosque se encuentra la que se considera la encina más grande de Aragón, motivo más que suficiente para visitar este enclave.
Pero ¡cuidado! el encinar es llano y tiene pocas referencias con lo que si te descuidas puedes acabar en cualquier parte menos donde pretendes.

Pantano de Santa María y la Peña

Este pantano, ya viejo, y su entorno es una de las zonas del Prepirineo más interesantes y ricas. En sus orillas se ha creado uno de los carrizales más extensos de Aragón y una saucera de grandes dimensiones. Encinares, robledales y un mosaico de campos, pastizales y zonas arbustivas completan un conjunto muy rico y diverso. Como resultado la fauna es muy
importante, entre la que destaca una gran variedad de aves, especialmente las ligadas al medio acuático: somormujos lavancos, zampullines, azulones, gaviotas o cormoranes.
La fauna entomológica también es de destacar y entre ellas la población de ciervos volantes, el mayor escarabajo de Aragón. Y por supuesto los mamíferos: garduñas, jinetas, tejones,
zorros, ardillas, jabalíes, ciervos, corzos y dos especies emblemáticas nutrias y desmanes del pirineo. Cuando el pantano baja de nivel en verano el barro de las orillas se convierte en un diario escrito de la vida del pantano. El rastro de un jabalí que sale del agua y se baña en el barro para dirigirse hacia el bosque, cruzándose con las huellas de la nutria que recorre las orillas internándose de vez en cuando en el agua, entre las huellas de los azulones y el tejón que se acercó a olisquear...

1-Encinar del llano de Yeste
Esta pequeña mancha de encinar es de las pocas que quedan en zona llana, pues el llano se utilizaba para el cultivo. En mitad del encinar se encuentra O Molin de Yeste, un rincón delicioso.
2-Foz de Escaletes
El cortado, foz, es espectacular con grandes desniveles y un conjunto de roca y plantas rupícolas muy bonito. Barranco adentro hay un mosaico de praderas, coscojares, pinares,
encinares, etc. muy interesante y placentero de recorrer, tanto a pie como en bicicleta. La
pista que sube barranco arriba conduce hasta la cima de la sierra de Loarre y baja por la ladera que conduce al castillo y al pueblo del mismo nombre. Desde el collado hay una buena vista de la tierra llana. Hace pocos años se quemó la parte alta.
3-Mirador
Esta zona es una pequeña mancha de encinar que conduce hasta la orilla del agua, una de las zonas más protegidas desde la que observar el pantano y poder ver de cerca los somormujos, azulones y zampullines. Cuando en verano baja el nivel del agua asoman enormes extensiones de limo fino que aparte de ser bueno para la piel también es bueno para descubrir los rastros de la fauna.
4-Cascadas
Zona de baños muy popular en la comarca (aunque este prohibido bañarse). El río forma unas de las gradas y cascadas más espectaculares del Prepirineo.
5-Barranco de Triste
Es un pequeño barranco, ejemplo de otros de la zona, que en veranos secos llega a secarse en algunos tramos pero que albergan una gran variedad de flora y fauna y de pequeños rincones muy bonitos, destacan los pequeños excrementos del desmán sobre las piedras del cauce. En invierno es espectacular ver estos barrancos helados.
6-Río Gállego
El Gállego es uno de nuestros mejores ríos y especialmente en esta zona, aunque desgraciadamente se suceden periodos de contaminación aguas abajo de Sabiñanigo.
Aún así hay una buena población de nutrias, garzas, azulones, etc.

Castiello-Villanua
Entre estas dos estaciones el Canfranero se encuentra en la frontera entre el clima mediterráneo del sur y el atlántico del norte. La parte más baja del valle es de clima mediterráneo húmedo y el último encinar crece encima de Villanúa, mientras en las partes más umbrías ya se pueden encontrar las primeras avanzadillas del húmedo clima atlántico.
1-La Garcipollera
Valle con varios pueblos abandonados y una población de ciervos impresionante, fáciles de ver por la noche. Durante el día nos podemos entretener dando de comer a los jabalíes que se muestran muy confiados. Al fondo del valle se encuentra la ermita de Iguacel con un impresionante sauce en la explanada de acceso.
2-Collado
Desde este collado en la carretera que conduce de Aratores a Borau hay una magnífica vista del valle y de las montañas. Es uno de los lugares con una vista más impresionante por no decir el mejor.
3-Sotos del río Aragón
Las orillas del Aragón se muestran en todo su esplendor con magníficos sotos de sauces, álamos, alisos, etc. bordeando unas aguas limpias y con una gran variedad de vida animal, destacando la nutria.
4-La Espata
Abetal muy umbrío de auténtico cuento de enanitos. Los troncos aparecen totalmente cubiertos de lobarias (líquenes de gran tamaño) y el suelo y rocas de musgo, dando al bosque un aspecto totalmente fantasmal. El abetal tiene continuación en bosques de pino negro y praderas alpinas. Es un buen lugar para ver rastros de ciervo y corzo y uno de los pocos abetales puros que existen en el Pirineo Aragonés.
5-Cueva-dolmen
Saliendo de Villanúa por el camino de Santiago y hacia Canfránc se llega a un llano, a la derecha en un pequeño cortado se encuentra la cueva d`as Bruixas. Mucho menos visitado es el domen que se encuentra en medio del llano, a la derecha del camino, medio cubierto por un seto. En la canal de Izas y en Astún también hay restos megalíticos.
6-Encinar
Este pequeño encinar es el último suspiro mediterráneo. Al encontrarse en un lugar más húmedo que los llanos de Huesca el bosque y la vegetación y fauna asociadas son más ricas y diferentes.
7-Barranco del Lierde
Siguiendo por la pista del encinar llegamos al barranco del Lierde y al hayedo que alberga. En
escasos 30 minutos andando dejamos el clima que da vida a las encinas para encontrarnos con en el de las hayas, el cambio no puede ser más espectacular en menos tiempo y pocos paseos nos pueden deparar un cambio tan drástico.

Canfranc

1-Bº de los Meses-bosque de enanitos
Por este barranco discurre el riachuelo saltarín entre abundantes cascadas, unas artificiales, otras naturales. Cuando se sale del barranco y nos dirigimos hasta Gabardito nos adentramos en un hermoso abetal con una fuente en la orilla del sendero, que más adelante nos conduce a las praderas de Gabardito profusamente salpicadas de rosales (por esto le llaman Gabardito), fresnos, arces, bojes, etc. 1,30hs.
2-La Besera
La subida es muy suave discurriendo primero entre pastos que se adentran en un pinar y al llegar a las praderas de la Besera nos encontramos con un bosque muy variado de frondosas, en invierno no da el sol y es la ladera más fría, a la derecha del camino podemos ver una de las antiguas casetas construidas con lajas de piedra. En la ladera de enfrente, a nuestra altura se encuentra la senda que sube a Ip y le llaman la Solana, allí la vegetación es totalmente distinta, un pinar con plantas típicas de solana y un sotobosque más claro.
3-Barranco de Ip
Al pie del puente que cruza la vía, sin que se pueda ver desde el tren se encuentra una cascada muy bonita rodeada de musgos y muchas plantas que enraízan en lugares muy húmedos, como carnívoras tirañas. Inmediatamente el barranco se estrecha y se hace muy profundo y umbrío, resultando un paseo muy agradable en verano, salpicado de pozas, remansos y multitud de pequeñas cascadas. El paseo puede durar tanto como nuestras ganas y nos es preciso ningún material especial, pero eso sí, mucho cuidado con las piedras húmedas del río, los resbalones son muy peligrosos.
4-Canal del Borregil
La senda se toma encima del último túnel, es una senda que constantemente zigzaguea y gana altura rápidamente entre bosques plantados a principios de siglo para proteger la estación, en los que destacan especies extrañas y curiosas como los alerces. La subida es bastante fuerte, pero paseando tranquilamente se sube alto en poco rato.
5-Casa de la roca
Por la pista que discurre paralela a la estación y antes de llegar a la casita blanca se coge la senda que lleva a esta casa, medio derruida, al amparo. La senda es muy larga llegando hasta la moleta por un espectacular circo. Hasta aquí arriba cuesta llegar pero merece la pena.
6-Bº de Estiviellas
La senda que parte de detrás de la iglesia de Canfránc estación recorre zigzageante uno de los bosques más bonitos de Canfránc. Al principio cruza la brecha que el alud abrió en el bosque a principios de los 80. Basta comparar el grosor de los árboles del bosque e imaginar los que faltan para poder comprender el poder de la naturaleza.
El Coll es un fuerte del ejercito abandonado a mitad de siglo y que se encuentra sobre una pared que sirve de escuela de escalada. La senda continúa y subiendo suavemente nos conduce a una impresionante cascada camino de la Canal de Izas, una de las praderas más bonitas del Pirineo, especialmente cuando se cubre de millones de nomeolvides que tiñen el suelo de azul. La senda cruza algunas marmoteras y si nos apartamos y nos quedamos quietos es muy fácil ver a las marmotas en su quehacer cotidiano. Más adelante se encuentra otra cascada y unas vistas preciosas.
8-Río Aragón
De Canfránc hasta Canal Roya el río ha excavado la roca espectacularmente y discurre por dos cortados profundos y estrechos a los que se puede asomar o bien mojándonos o más cómodamente desde alguno de los pequeños puentes que lo cruzan. Entre los dos congostos separados por un tramo de río normal y justo debajo de donde desagua Izas se encuentra una gran cascada desde donde dar un buen salto a la poza de abajo (si es que hay valor). Las pozas aguas arriba son más gratas para darse un chapuzón.
9-Fuerte la Sargueta
Por las canteras que se ven a mano izquierda de la carretera cruza una senda que nos lleva al otro lado del valle, Rioseta. Desde la parte más alta hay una bonita vista de la Raca y de la canal de Izas, 0,30hs.
10-Bº de Chinipí
Justo encima del camping (el más integrado en la naturaleza del Pirineo) se encuentra una gran cascada a la que se puede llegar ladeando suavemente por las praderas salpicadas de enormes bojes, fresnos, serbales, etc. y entre los caballos que en verano pastan libremente.
En las aguas remansadas del barranco se pueden ver gran cantidad de tritones pirenaicos. 0,30hs desde el camping, 1,30hs desde la estación.
11-Ibones de Anayet
Los primeros ibones son poco visitados, quizás por ser más pequeños, pero estar colgados 400ms. sobre el valle les convierte en un mirador incomparable. La ascensión es un poco fuerte pero tranquilamente puede subir cualquiera. 2hs desde el camping.
12-Camino de Santiago
Para desplazarse desde Candanchú hasta Villanúa es mejor hacerlo por el camino de Santiago que casi en todo momento discurre aislado de la carretera y recorriendo un rosario de pequeños rincones a cuál más hermoso. El espíritu de cientos de miles de peregrinos pasea por esta senda milenaria y en las ruinas del hospital de Sº Cristina en Candanchú.

La última estación
La naturaleza se encuentra allí donde tu estás pues tiene infinidad de caras con que mostrarse e infinita es su ansia de perpetuarse. Este viaje nos enseña que para disfrutar de la riqueza natural no es necesario viajar a los confines de la civilización, a través de las ventanillas de este tren podemos disfrutar durante un buen viaje observado la flora , la fauna y la variedad de paisajes recorridos. A la variedad del paisaje se suma lo cambiante de éste con las estaciones y por supuesto a lo cambiante del humor del viajero. Además lo que nos muestra la ventanilla de nuestro tren, a modo de pantalla de televisión, esconde infinidad de detalles que pasan desapercibidos para un espectador que desconoce la naturaleza pues un bosque, un tipo de suelo o lo cambiante de la fisonomía del terreno encierran información precisa sobre el clima de la zona, su historia y la vida que puede albergar. Quizás paseemos por un hayedo un soleado día y el sol inunde el bosque antojándose a nuestros ojos un lugar luminoso, la realidad es que el haya crece en lugares con una elevada presencia de nieblas. De la misma forma la presencia de roca granítica cambiara completamente la fisonomía vegetal en relación a la caliza. Y de lo que vemos no solo podremos interpretar lo que hay, un tipo de vegetación o de roca nos permitirá interpretar la historia del lugar y porque motivos ha llegado a ser lo que es, pues una montaña de color rojo nos dice claramente que en tiempos lejanos aquello fuel el delta de un río. A esto se le llama interpretación del paisaje y para descifrar todo el mensaje es necesario convertirse en un detective de la naturaleza. Pero hay más, no solo está lo que vemos, podamos interpretarlo o no, también hay que aplicar una formula de corrección: miramos sin ver en muchas ocasiones, acaso no nos hemos sorprendido en alguna ocasión descubriendo un detalle nuevo en un lugar que habíamos “mirado” muchas veces antes sin percatarnos de su presencia....
Puesta de sol
Su intensidad, duración o colorido depende de la latitud, de la estación del año y de fenómenos atmosféricos. Hace pocos años el volcán Pinatubo, en Filipinas, vertió a la atmósfera enormes cantidades de cenizas que en pocos meses se repartieron por todo el planeta, ese año las puestas de sol tuvieron un característico tono lila.
Arco Iris
¿Quien no ha disfrutado de un arco iris? ¿y quien se ha fijado que el arco iris no suele estar solo? Suele haber un segundo arco en el exterior con los colores invertidos.
Estrellas
Mirando el cielo estrellado podemos ver como al cabo de un rato las estrellas han cambiado de posición, ya sabemos que somos nosotros los que nos movemos y que el universo no gira enderredor nuestro. Cualquier cámara reflex (de las que se cambian los objetivos) tiene una posición B, mientras tengamos presionado el disparador (con un cable disparador) la cámara estará abierta, contra más rato la dejemos más recorrido habremos hecho imprimiéndose el recorrido de las estrellas en el negativo. Si en ese momento cae un meteorito también se imprimirá.
Árbol herido por el rayo
Sabiendo buscar no es difícil encontrar las marcas de los rayos en los árboles, especialmente en lugares expuestos como las cimas y los collados. Normalmente baja tronco abajo descortezando una pequeña línea que puede tener un metro o recorrer el árbol de arriba a abajo. Puede dejar solo esta marca, otras veces la marca no llega al suelo si no que salta a algo cercano o parte ramas y puede o no arder el árbol.
Niebla
La niebla tiene distintas caras, la más conocida la que cubre la tierra con un manto que apenas nos deja ver. En el valle del Ebro en muchas ocasiones la niebla esta alta y se nos antoja que el cielo este nublado pero fijándonos observaremos que las supuestas nubes son totalmente uniformes sin que apreciemos el más leve cambio de tonalidad. Cuando la niebla aparece con bajas temperaturas termina helándose sobre la vegetación y se le llama Dorondón en el valle del Ebro.
Karts
El agua de lluvia es ácido para la caliza, termina corroiéndola por fuera, dejando innumerables formas y por dentro, convurtiendo la montaña en una esponja de agua. Una de las zonas se simas más importantes de Europa se encuentra en Gabardito de Canfránc.
















Cono de deyección
















La montaña es algo vivo pero su vida no abarca una vida nuestra sino miles. El frío de las altas cumbres rompe la roca más dura como si de un palillo se tratara y la desmigaja, desparramando las pequeñas piedras montaña abajo. Todas y cada una de las piedrecitas que forman el “canchal” un día fueron parte de la cumbre de la montaña.
El hombre y los animales
No es usual que los animales se acerquen a nosotros pero en las zonas donde no se les molesta no suele ser raro que jabalíes o zorros se acerquen a la gente. Si en el jardín de nuestra casa ponemos unas pipas crudas, un poco de fruta o sebo de cordero no tardarán en aparecer aves en las que nunca habíamos caído en la cuenta de su presencia.
La nieve
Es una alegría para los que viven de ella o para los que la disfrutamos, pero un gran engorro para quienes tienen que sufrirla durante tiempo. Algún historiador cree que nuestro gusto innato por la nieve puede ser recuerdo de que nuestros antepasados vivieron una glaciación y ello se fijó en lo más profundo del ser humano.
El río
No hacen falta muchas palabras para explicar lo que supone para un niño y para los no tan niños un río, limpio por supuesto: piedras, baños de agua o baños de barro que ahora están de moda y mucha gente acude a balnearios o a centros de salud a pagar por ellos cuando en el pantano de la Peña hay una oferta especial todo el año, es gratis.
Manicura
En lo más caluroso del verano las charcas, aguas remansadas u orillas de grava de los ríos se convierten en guardería de miles de pequeños peces o cabezudos que se asustan de nuestra presencia, pero si metemos los pies en el aguaagua y nos quedamos quietos no pasara mucho rato antes de que uno se acerque a nosotros y otro, otro, otro... hasta que un montón de pequeños animalillos se dediquen a hurgár en nuestra piel limpiándonos todas las impurezas, especialmente si tenemos una herida. En Turquía existe un balneario especializado en limpiar la soriasis con pequeños peces.
Sales minerales
No es raro que alguna mariposa se pose sobre nosotros mientras paseamos por el campo, especialmente si estamos sudorosos. A través de nuestro sudor expelemos sales minerales que les encantan.
Piedras
A las piedras se les ha dado múltiples usos prácticos o mágicos. Las piedras con agujero nos permiten, mirando a través de él, ver a los duendes.

















Pos data
Bueno, creo que debo alguna explicación porque seguro que algunos comentarios expuestos a lo largo de nuestro “trayecto” habrán resultado algo sorpresivos y sin esa explicación la parte educativa de este libro quizás pierda gran parte de su valor.
Cualquiera que esté informado será conocedor del estado lamentable de la naturaleza y de la vida salvaje, en estas circunstancias publicar un libro y decir que hay muchas nutrias y que se encuentran en el río Gállego a la altura del barrio zaragozano de Montañana o que en el parque Grande de Zaragoza hay jinetas y garduñas, resulta un poco extraño como mínimo. Respecto a la nutria se puede ver en la bibliografía adjunta “La nutria en España” y respecto a lo del parque Grande tengo en caso negativos en escayola y fotos.
Lo de que los ríos pronto estarán limpios también es otra cosa que le suele chocar a la gente, es curioso porque el plan de depuración de aguas en las ciudades de más de 20.000 habitantes de toda Europa del que ya se ha cumplido el plazo y cumplido por la inmensa mayoría de ciudades ha tenido buena cobertura en los medios de prensa y se puede consultar en cualquier emeroteca la situación actual en Aragón con decenas de depuradoras recién construidas, en construcción o en proyecto, ya que el próximo plazo, en pocos años, obliga a las ciudades de más de 10.000 habitantes.
A principios del siglo XX un francés, Lucien Briet, que se lo pudo permitir se pasó largas temporadas en el Pirineo aragonés fotografiando los pueblos y las gentes, sus fotos sirvieron para declarar Ordesa parque nacional, y vio dos cosas que cuesta imaginarlas ahora: mucha pobreza y pocos bosques. La editorial PRAMES repitió las mismas fotos a finales de los 90, el francés prácticamente solo fotografió praderas y huertas, PRAMES, bosques.
Mientras el hombre dispuso de armas primitivas, todo fue relativamente bien, cuando dispuso de una escopeta de un solo tiro empeoró, cuando en el siglo XIX dispuso de escopetas modernas y venenos el asunto se torno feo y el siglo XX con toda su tecnología realmente dramático. Menos mal que a partir de los años 50, por los pelos, millones de personas abandonaron el campo para irse a la ciudad. Esas personas explotaban cada rincón del monte hasta la extenuación por propia necesidad. Ellos sabían cazar una nutria, una garduña o una comadreja, los actuales cazadores “domingueros” no tienen ni idea, ni siquiera en los pueblos queda casi nadie que sepa excepto algún jubilado. Resulta chocante cuando te cuentan como se prepara y a qué sabe el zorro, el tejón, el gato, el fardacho, el buho real, la focha, etc. Y lo más curioso, como los cazaban y eran muy buenos haciéndolo. La nutria tiene en algunos lugares unas entradas al agua muy marcadas que utiliza a menudo, colocas un cepo permanentemente allí y cada nutria nueva que llegue a la zona no tardará en caer. A la garduña le gustaba desplazarse por encima de los muros y ahí era donde le ponían los cepos. A la comadreja la exterminaban con una sencilla cajita de madera con una rampa que pivotaba al entrar el animal cerrando la entrada. La mentalidad no era como se ha dicho de vivir en armonía con la naturaleza, todo planta o animal que no servía para algo se exterminaba si molestaba, pero mientras no se dispuso de la tecnología adecuada se mantuvo una especie de equilibrio. Cuando se puso en manos de un agricultor una escopeta de repetición, un tractor y un bidón de DDT, no se salvo nada. Pido disculpas a los agricultores por utilizarles tan cruelmente de ejemplo, podía haber utilizado a los ganaderos, madereros, mineros, metalúrgicos, carpinteros, amas de casa,... En definitiva, era una sociedad que no apreciaba mucho la naturaleza, hasta que empezó a pagar las consecuencias y dispuso de riqueza para ello. Porque que a un paisano del XIX que se moría de hambre porque el lobo le había matado las ovejas, un zorro las gallinas y una plaga de topillos la cosecha, creo que no lograríamos convencerle de la bondad de salvar la vida de este inocente cachorrito de lobo y de apreciar la belleza de ese petirrojo, que está de muerte bien frito. Yo creo que hubiera hecho lo mismo que él.
Cuando encontré mis primeras huellas de nutria en el pantano de Santa María y la Peña me acerque al bar de Salinas y había unos cazadores a los que consulté, se intentaron pasar un buen rato a mi costa diciendo que serían las huellas de un gato (¿que va a saber uno de la capital?) y que allí no había nutrias. También durante el estudio que realicé para el ayuntamiento de la presencia de mamíferos en el galacho de Juslibol, un paisano de la margen derecha me decía que hace 30 o 40 años había muchos bichos (es la cifra que dan todos a los que pregunto) pero que ahora no quedaba ninguno. Yo venía de una barrizal extenso en la orilla del río a 500 metros de distancia y había estado viendo centenares de huellas de zorro, garduña, jineta y tejón. Como los maizales no habían crecido todavía los jabalíes no habían cruzado a esta margen.
El problema radica en que los mamíferos no son como los pájaros o las mariposas que se dejan ver y además son nocturnos. Por lo que en una sociedad rural como la española hasta los 50-60 donde todo el mundo en cada pueblo era cazador, aunque solo fuera de pajaricos o sargantanas para empalar, todo el mundo conocía a los animales y los veia cotidianamente. Los pueblos se abandonan, se dejó de cazar, como medio de subsistencia, y 30 años más tarde casi nadie de 40 años para bajo conoce a la mayoría de los bichos y ninguno los ha visto desde entonces, luego: si no los veo es porque no están.
Miles de pueblos en España con todos sus campos y sus montes fueron abandonados y el bosque a cubierto todo eso poco a poco y a su sombra muchos animales se han hecho numerosos, incluso el lobo se encuentra en expansión.
Desde Riglos hasta Canfránc casi todos los bosques por los que pasa el tren no estaban allí cuando se construyó o fueron talados antes de los 50 y los pocos que quedaban eran intensamente explotados. Mirando por la ventana se apreciará la juventud de todos esos bosques. También desde Riglos la presencia de jabalíes, ciervos y corzos es continua y abundantísima en los dos primeros casos y la nutria está presente en todo el recorrido desde Montañana hasta la estación de Canfránc.

Listado de especies
En esta lista primero se anota el nombre castellano, por comodidad, en segundo lugar se añade uno de los muchos nombres populares de Aragón en los casos en que se conoce y por último los nombres latinos, que aunque a los lo iniciados suenen a chino o incluso pedante son indispensables para conocer la naturaleza pues cada región, provincia, comarca o pueblo tiene nombres distintos para las mismas especies o iguales para especies distintas y los nombres latinos permiten moverse en esa torre de Babel. También son hasta curiosos en si mismos por los significados que tienen.


Abedul Bedul Betula pendula
Abejaruco Abellero Merops apiaster
Abetal Pinabete Abies alba
Abubilla Puput Upupa epops
Acacia Robinia pseudacacia
Acoro Iris pseudoacorus
Agateador Corretroncos Certhia brachydactyla
Agracejos Azotacristos Berberis vulgaris
Águila perdicera Águila perdiguera Hieraetus fasciatus
Aguilucho cenizo Circus pygargus
Albada Gypsophila hispanica
Álamo temblón Tremboleta Populus tremula
Alharma Gamanza Peganum harmala
Aliaga Aulaga Genista scorpius
Alimoche Boleta Neophron percnocterus
Alondra Aloda Alauda arvensis
Amanita de los cesares Amanita cesarea
Matamoscas Amanita muscaria
Amanita phaloides
Amapola Ababol Papaver rhoeas
Andarríos Biecadeta Tringa hypoleucos
Apolo Parnasiuss apollo
Arce Acer spp (varias especies)
Ardilla Esquirol Sciurus vulgaris
Armiño Paniquesa blanca Mustela erminea
Arrendajo Gai Garrulus glandarius
Atrapamoscas Drosera rotundifolia
Aurora Anthocaharis cardamines
Autillo Olibeta Otus scops
Avefría Chudía Vanellus vanellus
Avellano Abellanera Corylus avellana
Avoceta Recurvirostra avossetta
Avutarda Autarda Otis tarda
Azor Esparbero Accipiter gentilis
Azulón Anas platyrhynchos
Belladona Atropa belladona
Blanca del majuelo Aporia crataegi
Boj Buxo, bujera Buxus serpervirens
Boletus spp (varias especies)
Bufalaga Matapollos Thymelaea tinctoria
Búho chico Craberet asio otus
Buitre Gyps fulvus
Camachuelo Cardenal Pyrrhula pyrrhula
Cañuela algodonosa Eryophorum spp
Carlina Carlina acaulis
Cárabo Cabrero Strix aluco
Carbonero común Chichipan Parus major
Carrizo Pragmites communis
Cernícalo Ziquilín Falco tinnunculus
Ciervo volante Lucanus cervus
Chochín Rei d`as barzas Troglodytes troglodytes
Chopo Populus nigra
Ciervo Cervus elaphus
Ciervo volante Lucanus cervus
Cigarra Cicadetta montana
Cigüeña Zigüeña Ciconia ciconia
Cigüeñuela Sartanero Himantopus himantopus
Clemátide Vetiquera Clematis vitalba
Codorniz Gualla Coturnix coturnix
Cogujada Moñuda Galerida cristata
Colirrojo Culirroyo Phoenicurus ochruros
Colmenilla Morchela spp
Comadreja Paniquesa Mustela nivalis
Cormorán Phalocrocorax carbo
Corneja Corvus corone
Corona de rey Coda de borrega Saxifraga longifolia
Corraleja Aceitera Meloe majalis
Correlimos Bardero Calidris spp (varias especies)
Corzo Cuerzo Capreolus capreolus
Coscoja Quercus coccifera
Cuervo Corvus corax
Culebra de escalera Elaphe scalaris
Culebra lisa Coronella girondica
Culebra viperina Culebra de agua Natrix maura
Culebra de collar Culebra de agua Natrix natrix
Culebra bastarda Malpolon monspesulanus
Culebra lisa Coronella asutriaca y girondica
Culebrilla ciega Blanus cinereus
Curruca Papafiga Sylvia spp (varias especies)
Digital Dedalera Digitales pupurea
Dragoncillo Conejicos Anthirrinum spp (varias especies)
Efedra Escobizo Ephedra nebrodensis
Eléboro fétido Tetas de bruja Helleborus foetidus
Encina Carrasca Quercus ilex
Endrino Arañonera Prunus spinosa
Enebro Chinebro Juniperus communis
Erizo Erinaceus europaeus
Erizón Echinospartum horridum
Escambrón Lycium europaeum
Escorpión Alacrán Buttus occitanicus
Escribano Zistra, zisberde Emberiza spp
Esfinge del aligustre Sphinx ligustris
Eslizón Chalcides chalcides
Espárrago silvestre Esparquera Asparagus officinalis
Estelaria spp (varias especies)
Estornino Olibero Sturnus unicolor
Focha Bocha Fulica atra
Frambuesa Chordón Rubus idaeus
Fresa Chordón Fragaria vesca
Fresno Frasno Fraxinus angustifolia
Fresno de montaña Fraxinus excelsior
Galamperna Lepiota procera
Garceta Pescairet Egretta garzetta
Garduña Fuina Martes foina
Garza real Garrapescaire Ardea cinerea
Gato montés Gato montesino Felis silvestris
Gavilán Alforrocho Accipiter gentilis
Gaviota reidora Larus ridibundus
Genciana Gentiana spp
Gitana Arctia caja
Golondrina Bolandrina Hirundo rustica
Gorrión común Gurrión Passer domesticus
Gorrión molinero Passer montanus
Grajilla Corvus monedula
Grasilla Pinguicola spp
Halcón peregrino Falco peregrinus
Haya Fau Fagus sylvatica
Hepática Hepática nobilis
Herrerillo Ferrero Parus caeruleus
Hiedra Hedera helix
Higuera Figonera Ficus carica
Jabalí Chabalí Sus scrofa
Jara Cistus spp
Jineta Chineta Genetta genetta
Labandera blanca Engañapastores Motacilla alba
Labandera boyera Motacilla flava
Labandera cascadeña Motacilla cinerea
Lagartija colirroja Sargantana Acanthodactylus erythrurus
Lagartija colilarga Psammodromus algirus
Liebre Fornaca Lepus europaeus, Lepus granatensis
Linaria spp (varias especies)
Lino Linum spp (varias especies)
Lirón gris Mincharra blanca Glis glis
Lución Anguis fragilis
Madreselva Fumaque Lonicera spp (varias especies)
Madroño Arbustus unedo
Majuelo Arto Crataegus monogyna
Malva Panecillos Malva sylvestris
Marta Fuina de papo amarillo Martes martes
Martagón Azucena Lilium martagon
Martinete Pescairet Nycticorax nicticorax
Matapollos Thymelaea tinctoria
Mermasangre Estremoncillo Lithodora fruticosa
Milano negro Esparbero Milvus migrans
Mirlo Torda negra Turdus merula
Mito Chinchinpera Aegithalos caudatus
Mochuelo Muchelo Athene noctua
Musaraña común Crocidura russula
Musgo Sphagnum
Narciso Campaneta Narcissus spp
Nazareno Muscari negelctum
Nomeolvides Primula farinosa
Nueza Brionia cretica
Nutria Loira Lutra lutra
Ontina Manzanilla de olor Artemisa herba-Alba
Oreja de oso Orejeta d`oso Ramonda myconi
Ortiguera Aglais urticae
Pájaro carpintero (pito) Repicatroncos Picus viridis
Pájaro moscón Peduco Remiz pendulinus
Paloma torcaz Trucazo Columba palumbus
Pato colorao Netta rufina
Pavón Saturnia pyri
Perpetua Helichrysum stoechas
Petirrojo Papirroyo Erithacus rubecula
Pino carrasco Pinus halepensis
Pino negro Pinus uncinata
Pinzón común Pinzán Fringilla montifringilla
Pito negro Dryocopus martius
Pito real Aiguadero Picus viridis
Polla Gallinula chloropus
Primavera Chocolateras Primula veris
Quebrantahuesos Crebagüesos Gypaetus barbatus
Rascón Rallus aquaticus
Ratón Existen distintas especies pertenecientes a dos familias distintas: apodemus y mus
Ratonero Buteo buteo
Rebollón Níscalo Lactarius deliciosus
Retama Retama sphaerocarpa
Roble Cajico Quercus faginea
Romero Rosmarinus oficcinalis
Rosal silvestre Escaramujo Rosa canina
Ruda Ruta Ruta angustifolia
Ruiseñor Tordeta Luscinia megarhynchos
Rusco Ruscus aculeatus
Rusula spp (Varias especies)
Sabina Juniperus (dos especies)
Salamandra Dragón Salamandra salamandra
Santolina Manzanilla Santolina chamaecyparissus
Sapillo moteado Pelodytes punctatus
Sapo común Bufo bufo
Sapo sorredor Bufo calamita
Sapo partero Alytes obstetricans
Sauce Salíx spp (varias especies)
Sauco Sabuco Sambucus nigra
Rebeco Sarrio Rupicapra rupicapra
Sisón Sisote Otis tetrax
Somormujo lavanco Capuzete grande Podiceps cristatus
Tamariz Tamarix spp (dos especies)
Tarántula Lycosa tarentula
Tomillo Estremoncillo Thymus vulgaris
Topillo Varias especies
Tortola turca Streptopelia decaocto
Tortuga Dos especies Emys orbicularis y Maureys caspica
Totovía Tiroriro Lullula arborea
Trepador Corretroncos Sitta europaea
Treparriscos Tararainero Tichodroma muraria
Tritón jaspeado Triturus marmoratus
Tritón palmeado Triturus helveticus
Tritón pirenaico Guardafuens Euproctus asper
Urraca Picaraza Pica pica
Vencejo Falziño Apus apus
Vencejo real Apus melba
Verdecillo Gafarrón Serinus serinus
Víbora áspid Bicha Vipera aspis
Zampullín Capuzete Podiceps ruficollis
Zarza Barza Rubus ulmifolius
Zorro Raboso Vulpes vulpes
Zygena Zygaena spp (varias especies)

SPP se utiliza para denominar a la familia en general y no a una especie en particular. Motacilla alba es la labandera blanca, Motacilla spp hace referencia a la familia de las labanderas.